volver
/ai · 5 min de lectura ·

La teoría Labubu de la adopción de IA: por qué tu asistente volvió convertido en juguete

Muse de Meta y Dots de OpenAI no son tiernos por accidente. Como los Labubus y las cartas Pokémon, son un caballo de Troya para quien nunca pensó usar IA.

Jay López
Co-founder & Design Director
Equipo Shortcut
Figura gigante de Labubu en blanco y negro, con orejas puntiagudas y sonrisa dentada, exhibida en el Pop Mart del Museo del Louvre en París
Figura gigante de Labubu en blanco y negro, con orejas puntiagudas y sonrisa dentada, exhibida en el Pop Mart del Museo del Louvre en París

¿Te acuerdas del Humane AI Pin? Salió, no funcionó, y a principios de 2025 la empresa apagó los servidores y todo murió. El R1 de Rabbit no murió con tanto ruido. Simplemente terminó en el mismo cajón en el que se guarda el Vision Pro que nadie compró.

La lección que todos nos llevamos fue simple: nadie quiere un gadget dedicado a la IA. Ganó el teléfono. Caso cerrado.

Dieciocho meses después, Meta vende Muse con charms coleccionables, una edición LISA de las Ray-Ban y un dispositivo de bolsillo para quien no quiere usar lentes ni quedarse viendo el teléfono. OpenAI lanzó Dots, pequeñas criaturas geométricas que personalizas con un color y un nombre, cada una corriendo en su propia computadora en la nube. El objeto dedicado a la IA está de vuelta. Solo que primero dejó de fingir que era útil.

Ese es el verdadero cambio. Humane y Rabbit vendían utilidad. El pitch era "esto hace lo mismo que tu teléfono, pero mejor y sin pantalla". Ese es un argumento funcional, y los argumentos funcionales son fáciles de perder. Una respuesta lenta en plena cena y el producto ya fracasó en sus propios términos. No hay una segunda razón para conservarlo. Nadie ha dicho jamás "sí, no funciona, pero me gusta traerlo en la camisa".

Muse y Dots no plantean un argumento funcional. Plantean un argumento sobre las ganas de tener algo.

Mientras enterraban el hardware de IA, la economía de los coleccionables vivía los mejores años de su vida. Pop Mart vendió más de 100 millones de Labubus en 2025 y superó los 5 mil millones de dólares en ingresos, sobre todo vendiendo cajas sorpresa en las que no sabes qué te va a tocar. La gente pagó por la sorpresa. Las cartas de Pokémon siguen por todas partes, y un Charizard de primera edición todavía cuesta más que un auto usado. El mismo mercado que rechazó un pin de IA de 700 dólares hizo fila toda la noche, feliz, por un pequeño monstruo peludo con dientes.

Meta se dio cuenta. Una colaboración con BLACKPINK con charms coleccionables no es una decisión de accesorios. Es una decisión de distribución. Llega a un comprador que jamás compraría un dispositivo de productividad y que sin dudarlo compraría algo que usa LISA. La IA aparece dentro de lo que ya querían.

Aquí es donde importa la curva de adopción. La mayoría de la cobertura llama a estos avatares "onboarding para usuarios mainstream": más amigables que una caja de texto vacía, más fáciles para empezar. Cierto, pero se queda corto. El onboarding asume que la gente ya decidió adoptar. Las personas a las que apuntan estos lanzamientos no han decidido nada. Son la mayoría tardía y los rezagados, y los rezagados no adoptan una tecnología porque se volvió más fácil. La adoptan porque venía dentro de otra cosa que ya querían.

Lo tierno aquí no es una decisión de UX. Lo tierno es el caballo de Troya.

Hay una segunda razón por la que esto funciona, y es la retención. Una herramienta tiene que ganarse su lugar todos los días. El día que no es útil, dejas de abrirla. Un personaje juega con otras reglas. Cuando tu Tamagotchi se ponía difícil, no pensabas que estaba descompuesto, pensabas que tenía personalidad. La personalización lo vuelve más pegajoso. Elige la voz, elige la ropa, elige el color, y ya invertiste algo. Humane te dio un dispositivo. Meta y OpenAI te están dando algo con nombre, y es mucho más difícil guardar en un cajón algo que tiene nombre.

Ahora la parte menos divertida.

Estos agentes corren en sus propias computadoras en la nube, se conectan a más de 4,000 apps y siguen trabajando mientras duermes. Cuando uno de ellos reserve el vuelo equivocado a las 3 a.m., esa forma amigable va a estar parada entre tú y el error. Es difícil enfurecerse con algo que se ve abrazable. Ambas empresas parecen saberlo, y por eso el exterior suave viene con modos de solo lectura, reglas de aprobación y controles empresariales. El juguete es el front end. El sistema de permisos es el verdadero producto. La distancia entre cómo se siente uno y cómo se siente el otro es donde los usuarios van a terminar lastimados.

Y no, el fracaso de Humane no se revirtió. Se le dio la vuelta. El verdadero error de Humane no fue el hardware. Fue pedirle a la gente que cambiara su comportamiento por una recompensa que nunca llegó. Meta y OpenAI no le piden a nadie que cambie nada. Los lentes siguen siendo lentes. Un charm sigue siendo un charm. El avatar vive dentro de apps que ya abres. Si la IA decepciona, el objeto todavía tiene razón de existir. Un AI Pin fallido es un pin muerto. Unas Ray-Ban fallidas siguen siendo lentes de sol.

¿Y qué significa esto para quienes diseñamos productos?

Para el último tramo de la curva de adopción, la pregunta ya no es "cómo hacemos esto más fácil de usar". Es "qué quiere ya esta persona, donde podamos meter esto". La pregunta de retención no es "cómo aportamos valor todos los días", es "qué le da a esto una razón para quedarse en un mal día". Y la pregunta honesta, la que vale la pena decir en voz alta en una revisión de diseño: ¿la calidez que estamos diseñando ayuda a la gente a entender el sistema, o ayuda a la empresa a esquivar su enojo?

Humane vendió un dispositivo que hacía cosas, y nadie se lo quedó. Pop Mart vendió una criatura que no hace absolutamente nada, y vendió cien millones. La industria de la IA vio los dos resultados y eligió a la criatura.


Coescrito por Jay López L. y Claude. Encuentra a Jay en Instagram: @jay.human_

Jay López
Escrito por Más ensayos →

Jay López · Co-founder & Design Director

Colombian product designer from Bogotá, based in Mexico City. Twelve-plus years shipping digital products across Latin America and the US. Jay joined 23 Design in its first year and stayed through the frog chapter. He's the crafter on the team, the one who obsesses over the surface and the polish, the details that make a product feel considered. Among the work he's proudest of: leading the redesign that lets a new Bitso user buy their first Bitcoin in four taps.

/artículos

Más ensayos del estudio

Todos los artículos